martes, 5 de septiembre de 2017

Spiderman: Homecoming

Comida por el hype, y con recuerdos de infancia llenándome el corazón, entré a ver “Spiderman: Homecoming”, y salí con una red de emociones que me tomó un par de horas desenredar. ¿Por qué?, ¿Era para tanta expectación?

Partamos por lo básico: dos grandes compañías fusionándose como fórmula que debía resultar, y lo hizo, obviando incluso todas las escenas que no nos emocionaron por haber sido exhibidas en el tráiler, quitando algo de factor sorpresa como Marvel ya se está acostumbrando a hacer. Aun así, la trama se sostiene en una originalidad que la separa inmediatamente de las anteriores franquicias y la vuelve memorable para el público aburrido de ver morir a tío Ben, y a Parker llorarle por quince minutos. Al contrario de lo que pensé, la tan esperada aparición de Tony Stark no sobrecargó la película, sino que aportó a la historia como recurso de apoyo al joven arácnido y también ofreciéndonos mejoras impresionantes en esas mallas azules y rojas que tan bien conocemos, así que, si hablamos de trajes alucinantes, la película se gana merito con creces, sobre todo cuando sabemos que se vienen trajes aún más alucinantes, (si, Iron Spider, hablo de ti).

Evitando comparar a Homecoming con leyendas del super cine, como “Spiderman 2” y lo alta que tenía la vara a superar, hubo momentos en los que me desconecté de la historia, ya fuera porque esta se desconectaba en si misma o por las forzadísimas referencias al resto del universo Vengadores que llegaban a ser tediosas, (¿Podemos, por favor, olvidar Sokovia?). Ignorando tales detalles si logré emocionarme, empatizar, y querer al nuevo protagonista, cosa que pensaba difícil por el cariño implícito a los anteriores actores que encarnaron al buen vecino. Bien por Tom Holland y su consolidación en la industria.

Si hablamos del resto del reparto y su variada demografía, no tengo sino elogios para la pandilla de chicos inteligentes, dándonos como toque especial a un Flash Thompson de otra etnia: enemigo histórico del buen Parker, mostrándonos así lo comprometida que está la compañía en la temática de inclusión racial cinematográfica. Siguiendo con el reparto, debemos hacer énfasis en este villano, este hombre con quien se logra cierta conexión emocional por la naturaleza de sus motivaciones, que apelan directamente al corazón de Peter. Es así como El Buitre, sin mostrarnos todo el potencial del personaje comiquero, se transforma en uno de los mejores villanos de la última fase de Marvel, pero, aun con tal interpretación, nos deja con sabor a poco, recordándonos una vez más que la debilidad de la empresa son los antagónicos.

Escenas dignas de asombro, actos nostálgicos como referencias a los anteriores arácnidos, altos y bajos argumentales, risas pauteadas que si funcionaron y la alegría adolescente americana que en cierto modo queríamos ver. ¿Era para tanta publicidad? No estoy segura, pero sí está claro que podemos decir con gusto, ¡Bienvenido a casa, Spidey!, Mientras, esperamos hasta verle de nuevo en pantalla, porque no importa cuántas veces le veamos colgar por los rascacielos, siempre querremos más. 
 
Gracias a Salomé Arriagada Sanchez por esta entrada, puedes seguirla en Instagram ticando aquí 

1 comentario:

  1. He de confesar que excepto algunos capítulos de la serie de dibujos animados que hacían cuando era pequeña, no he visto nada de Spiderman, y es que no me suelen gustar mucho los cómics y pelis de super héroes...estoy fuera de onda con este tema, jajaja.

    Un beso.

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